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220520 Cerca del fuego

Algunas vidas son puro teatro

Cuando uno lee un libro con la mente puesta en la reseña que escribirá posteriormente, suele ir tomando apuntes en una libreta según va discurriendo la lectura: frases que llaman la atención, características de los personajes, detalles que sorprenden, tanto por lo bueno como por lo malo, incorrecciones, hallazgos, ambientación, etc… Pues bien, al poco de arrancar la lectura de Cerca del fuego, de Pablo Gonz, en mi libreta consigné la siguiente frase:

“Hay que tener una mente privilegiada y muy bien ordenada para ver acercarse a David Lynch por el retrovisor del coche y pegar un acelerón gritando ¡Viva Shakespeare!”

Al finalizar la novela, no pude sino corroborar dicha impresión, por lo que aquí ya podría dar por finalizada mi reseña, pues considero que en esa frase está resumido cualquier otro comentario que pueda añadir al respecto. No obstante, dado lo críptico de la misma, y por no dejar recaer en el amable lector el peso de tener que dilucidar el significado de mi particular anotación, añadiré alguna que otra consideración explicativa y complementaria. No hace falta que me lo agradezcan, va en el sueldo.

Arranca la novela situándonos en una ferretería en la que rompen el silencio y la monotonía dos personajes: el propio dependiente del negocio y un anciano, cliente habitual, que nunca dice nada, nunca compra nada, tan sólo se sienta a observar y a hacer compañía, pero que, en esta ocasión en que nos asomamos a la tienda, va a adquirir un cuchillo de considerable filo. Ambos personajes, por cómo están descritos y por cómo interactúan, podrían haber sido sacados perfectamente de alguna película de David Lynch (y estoy pensando especialmente en Blue Velvet y en Twin Peaks) La misma sensación tendremos con otros personajes que aparecerán más tarde.

Y quienes primero nos muestra el autor son una pareja claramente antagónica: un joven aprendiz en un taller mecánico y una llamativa mujer que lleva el lujo por primer apellido. El ímpetu de ella lleva a la pareja a mantener una relación amorosa tan anodina como imposible (y aquí aparece el espectro de Shakespeare con sus capuletos y sus montescos en versión moderna, con la diferencia de que todo el mundo que les rodea ve con normalidad y buenos ojos ese peculiar amor)

A partir de ahí, la estructura de la propia novela, contada desde diferentes puntos de vista, va rompiendo esquemas y moldes, reclamando un lector atento y sumamente cómplice. Algo que el autor recompensará con creces con el final resuelto y cerrado de las últimas páginas del libro.

Cerca del fuego es una novela corta para leer despacio, regodeándose en las descripciones (punzantes algunas, incisivas o preciosistas otras) y en los propios personajes, con todos sus matices y sus pliegues. El autor, más allá de presentarlos y dejarlos volar en compañía del lector, los disecciona, nos muestra cada detalle, cada gesto, que nada quede al albur de la interpretación o consideración del lector. Es consciente de que se maneja con diamantes en bruto, con ese tipo de personajes que quizás no llamen la atención a primera vista pero que contienen material de sobra para una saga. Aquí todo importa, todo suma para llegar al final, ver las páginas recorridas y comprender que, lo que venía pareciendo una sucesión de hechos deslavazados, se convierte en un conjunto de gran riqueza, tanto en lo estilístico como en lo argumental. Qué suerte contar con la tan gamberra como exquisita complicidad de Román Piña y su editorial Sloper para hacerlo público.

Pablo Gonz, no es la primera vez que lo hace, eleva la anécdota a categoría de literatura, y lo hace con la ayuda de los personajes, a los cuales, ya lo hemos apuntado, mima y estruja a partes iguales. Si él pelea cada verbo y cada adjetivo en cada frase, exige que ellos hagan un esfuerzo similar.

Al final de la novela, como en la obra de teatro de Luigi Pirandello, Seis personajes en busca de autor, deberían salir todos a saludar al escenario, personajes y autor. El aplauso lo tendrían asegurado.  

Cerca del fuego (Sloper, 2022) | Pablo Gonz | 140 pags. | 14€

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