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220202 MI FAMILIA

Carta abierta a Daniel Nesquens

Querido Daniel:

Cuando me adelantaste tu intención de escribir una novela sobre nuestra familia, espero que recuerdes bien mi euforia y mi frase más repetida aquel día: “¡Qué gran idea!”. El hecho de que la repitiera a voz en grito por todas las dependencias de tu mansión nada tiene que ver con que, al final de la tarde, tú preguntaras mirándome fijamente “¿Quién ha vaciado mi mueble bar?”. Insisto, nada que ver.

Recuerdo perfectamente que, tras mis públicos aplausos, hicimos un aparte y te hice ver que, siendo la idea muy buena, pues dada tu trayectoria literaria el libro nos pondría a toda la familia en primera línea de la actualidad, no era menos cierto que la iniciativa tenía su parte de riesgo. Y te mencioné, como ejemplos de familias ya llevadas al irrecuperable e irreconciliable ámbito de la Literatura, nada menos que a Gerald Durrell (Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes, etc…) y a Mario Puzo (“Fredo, eres mi hermano mayor y te quiero. Pero nunca vuelvas a tomar partido contra la familia. Nunca”), seguro que te acuerdas…

Pero tú, ni caso.

Así que espero que no te extrañe si te digo que tu libro no me ha gustado nada.

Vale que el planteamiento es más que original y que aferrarse a Ferrán Adriá, valga la redundancia, para utilizar su técnica de deconstrucción y no hablar de la familia sino de sus diversos y variados componentes (padres, abuelos, tíos, tías, etc…) es un recurso que, bien manejado, como tú haces, le permite al lector ser parte activa del proceso, como si siguiera la elaboración de una receta, para ir agregando ingredientes a lo que será el emplatado final: nuestra familia.

Vale que es un acierto que pongas el foco de atención en una época que tanto tú como yo añoramos (no es culpa nuestra haber nacido en esos años, los sesenta), plasmando a partir de la historia de cada uno de los personajes una colección de fotografías de la época que van desde la crítica más ácida hasta el cariño más entregado.

Vale que derrochas imaginación y, sobre todo, que el retrato de nuestros familiares, cada uno con su capítulo diferenciado, no se vaya a enfadar nadie, puede funcionar como relato independiente, autónomo, y que, leído en su conjunto, más allá de la jocosidad de cada personaje en particular, compone un retrato más que fidedigno de una sociedad y de, insisto, una época. Allá cada cual, en su ídem, con su responsabilidad…

Vale que diseccionas como nadie la conducta humana, que consigues hacer universal el detalle, que logras que cualquiera se identifique con alguno de tus familiares / personajes, que la carcajada espontanea se convierta en reflexión posterior…

Vale que, más allá de los cánones establecidos a la hora de escribir biografías, te lances en picado al humor y a la ruptura de las normas más académicas, confrontando con tus propios familiares / personajes:

—En este libro no se puede fumar —dijo mi padre.

—Muy bien dicho, papá —asentí.

Y en el resto del libro no se vuelve a fumar, que conste en acta…

Vale que, por si no tuvieras suficiente con todo ello, te veas en la obligación de recurrir a alguien tan respetable y admirable como Elisa Arguilé para que enriquezca tu texto con unas ilustraciones, absolutamente años sesenta, que componen un álbum familiar tan peculiar por ellas mismas.

Y vale, finalmente, que nos tengamos que enterar ahora de que Elia ya ganó en 2007 el Premio Nacional de Ilustración por este puñetero libro.

Pero vuelvo al principio, querido Daniel. El libro no me ha gustado nada. Sabiendo como sabes lo que te aprecio, y lo que me encanta tu mueble bar, no entiendo por qué no me has dedicado no ya un capítulo, sino un mísero párrafo. No te odio, pero te defenestro (no sé lo que significa, pero suena fatal y me gusta).

Fdo.: Tu cuñado.

Mi familia (Nórdica Libros, 2021) | Daniel Nesquens | 208 pags. | 19,50€

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