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reseña dicen los síntomas

Herencias libres de impuestos

Se define síntoma como una alteración del organismo que pone de manifiesto la existencia de una enfermedad y sirve para determinar su naturaleza, un indicio o señal de algo que está ocurriendo o va a ocurrir.

Sin embargo, a veces los síntomas son contradictorios. Con frecuencia, son muy inespecíficos y pueden estar relacionados con patologías muy diferentes entre sí, de ahí que si elegimos el especialista equivocado su sapiencia nos pueda llevar a la tumba. Y también sucede en no pocas ocasiones, en especial cuando se trata de problemas de la mente, que son paradójicos, es decir, que pueden suponer un indicio de que una enfermedad no está controlada y precisa potenciar su tratamiento o, por el contrario, indicar que está siendo tóxico y precisa minimizarse, de ahí que aun eligiendo el especialista correcto, este también pueda  llevarnos a ser en breve poco más que memoria de cenizas, como muy probablemente manifestaría la escritora Eva Díaz Pérez.

Y ya que este estadista ha citado la paradoja, no le queda más remedio que reconocer en este momento que es a la paradoja a la que le ha remitido esta novela de la escritora valenciana Bárbara Blasco, y que fue reconocida con el Premio Tusquets de novela de 2020. A la paradoja y a la herencia como agente etiológico de la enfermedad. Si bien la herencia, en sentido patológico, se ha relacionado de forma casi exclusiva a las relacionadas con las alteraciones genéticas, en las últimas décadas se ha comprobado que existen muchos padecimientos hereditarios con una prevalencia muy superior a los de índole genética, con un impacto mucho mayor sobre la población y que tienen que ver con el legado de los comportamientos de nuestros mayores.

Dicen los síntomas es, a juicio de quien suscribe, una novela sobre la herencia de lo etológico, de cómo los traumas vividos en la infancia acaban siendo absorbidos, interiorizados y de nuevo ejecutados por las víctimas, que pasan a convertirse en agresoras. Esta herencia que no paga impuesto de sucesiones y que constituye el gran tema de la novela, tiene no pocos paralelismos y réplicas en otros ámbitos externos al familiar, y basta recordar en estos días los ataques que está sufriendo y sufre desde hace décadas el pueblo palestino de manos de los israelíes, como antes lo fueron los judíos bajo el yugo del régimen nazi alemán. No hay peor resultado de una barbarie que acabar convirtiendo a los supervivientes en bárbaros, pero este es otro tema.

Virginia, una filóloga de formación que trabaja de camarera en un bar y que desea ser madre a toda costa, asiste a la agonía de su padre en el hospital, un padre al que detesta, como también desprecia al resto del núcleo familiar, su madre y su hermana Esther. Los últimos días de su padre, la habitación que comparte con otros enfermos, conforman el escenario opresivo en el que se desarrolla la trama.

Novela turbia de principio a fin, mantiene un estilo narrativo poderoso, violento, que puede resultar incómodo y asfixiante por quien busque una lectura de entretenimiento que no le haga pensar demasiado. La autora maneja muy bien por medio del lenguaje y las imágenes, por la caracterización de los personajes y ese ambiente espeso y sórdido en el que manda el rencor, en especial cuando acaba por demostrarse que uno se ha convertido en la viva imagen de quien más ha odiado.

De la novela destacaría el tono sofocante, la ambientación y el dibujo de unos personajes muy oscuros a los que la autora también es capaz de dar algo de luz. Sin embargo, la trama, que comienza y finaliza de modo brillante, quizás hubiera merecido equilibrarse de otra forma. No digo que esté mal, ni mucho menos, pero quizás pudiera haberse redistribuido de otra forma la aparición y el peso de algunos personajes. No obstante, el conjunto de la obra es realmente bueno y resulta más que recomendable su lectura, aunque ello nos haga asomarnos a un mundo como el de los comportamientos heredados que, a falta de psicoanalista de cabecera, sería más que recomendable que nos lo hiciéramos mirar. Porque apreciaríamos unos síntomas en nosotros mismos que podrían advertirnos, oh, paradoja, que aquello que menos nos gusta es parte de lo que somos.

Dicen los síntomas (Tusquets Editores, 2020) | Bárbara Blasco | Novela| 272 páginas| 18,00 € |

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