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portada niñagordita

Presentación de la novela NIÑAGORDITA, de Belinda Palacios, en Madrid.

Qué ganas teníamos en Tres Pies al Gato de que la Niñagordita se presentara en sociedad. Desde que recibimos el manuscrito tuvimos la certeza de que ese personaje iba a tener un largo y exitoso recorrido. Nuestros amigos de Negra Ediciones también lo tuvieron claro desde el principio y, gracias a ellos, el texto tomó la definitiva forma de libro con una historia sorprendente y una portada a la altura.

La librería Traficantes de Sueños brindó el escenario perfecto y María Antonia Madroñero la encargada de hacer los honores y de que la Niñagordita se sintiera arropada en esta primera presentación en España.

Al principio, según confesó, pensaba que se trataba de una novela de iniciación pero, avanzando en la lectura, descubrió que Niñagordita es “un thriller, una novela de terror. O mejor, una muy especial novela de iniciación que se convierte en un muy especial thriller”.

Y se pregunta: “¿Cómo consigue la autora esa mezcla feliz y sorprendente que se convierte en algo nuevo?”. Ella misma tiene la respuesta: “Por medio del lenguaje. Es el uso inteligente y magistral del lenguaje corriente lo que convierte en un arma poderosa. Ahora que, con motivo de la guerra asistimos y vamos a sufrir una narrativa grandilocuente y macarra (los conflictos bélicos siempre han utilizado un lenguaje que se califica de importante y se reserva para lo importante), Belinda apuesta y demuestra lo contrario. Vale la pena comprobarlo. Es un éxito total de Belinda”.

De su escritura, Madroñero sostiene que es “sentenciosa. Quizá porque habla de la culpa y sucede mucho que cuando se habla de la culpa sale un estilo sentencioso, un poco bíblico, un poco aforismo. Como en toda buena novela una no sale con pocas certezas, y con algunas buenas preguntas”.

De las pocas certezas que saca en claro, una se refiere al eufemismo, al que define como “un arma del fascismo. El lenguaje corriente es un arma cargada de poder”.

Así mismo, señala como certeza y, dos por uno, como recomendación, tener “mucho cuidado con quien te juntas, pues la oligarquía peruana o la clase media enriquecida peruana no es la mejor compañía; nada bueno te puede pasar si la frecuentas. Ésta parece la única respuesta cerrada que da la autora. Este peculiar ajuste de cuentas de Talía con su origen, con su pasado se sitúa entre La Molina y Miraflores, dos distritos caros de Lima, donde los personajes practican una inconsistencia, iba a decir una frivolidad, pero, no, yo todavía tengo cierto respeto por la frivolidad, es una inconsistencia malvada y abusadora. Cómo serán que allí se rodó una serie de la TV peruana  para la caricaturización de la población molinense, “El especial del humor”, donde se incluyen secuencias sobre las  llamada Las viejas de La Molina abusivas, discriminadoras y racistas. Encima son meapilas y entroncados y con pretensiones políticas, porque se ve que no tienen bastante con destrozar y abusar de Talía, quieren un pueblo entero de mujeres. Las relaciones sexuales de estos personajes son tratadas casi como una enfermedad mental. Encarnan lo que a partir de Hannah Arendt ya conocemos como la banalidad del mal”.

Y hasta ahí las pocas certezas de María Antonia Madroñero tras la lectura del libro. Son muchas las preguntas que le vienen a la cabeza y que el lector, seguramente, también se cuestionará: “¿Es un peculiar ajuste de cuentas de la autora con su medio, con su juventud? ¿Es la historia de una mujer que lucha por su propia identidad ante la presión social, por el grupo? ¿Todo lo que le sucede pasa por ser gordita de pequeña o, por el contrario, les pasa a todas las que topan con abusadores y con aquellos que ven a los demás como alguien sobre quien ejercer el poder para su propio beneficio idiota?”

Talía, la Niñagordita, ha dejado en Madroñero unas ganas enormes de conocerla más, de saber de su vida después del episodio final con el que se cierra la novela. Estamos convencidos de que los demás lectores tendrán esa misma sensación, esa misma inquietud. Porque Niñagordita no deja indiferente a nadie. Niñagordita, lo decíamos en la promoción de la novela, duele.

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