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todo lo que crece Clara Obligado

Reciclar los recuerdos

En estos tiempos no es difícil encontrar en las estanterías de novedades de las librerías obras en las que su autor recuerda, vuelva a pasar por el corazón, su vida. Son tiempos estos muy desconcertantes, en los que uno duda de muchas cosas: de la bondad del ser humano, de las ideas políticas propias, de sus compañeros de viaje, del futuro de la humanidad… Son tiempos tan duros que incluso nos resulta difícil descifrar quiénes son los nuestros. Quizás esto no sea exactamente así para la juventud, puede que para ellos el desconcierto sea diferente, posea otros matices, incluso peor, pero para quienes tenemos desde hace tiempo la certeza de haber sobrepasado el ecuador de nuestra vida, para quienes hicimos de nuestros ideales motor de nuestra existencia, la confusión adquiere connotaciones no muy alejadas de lo dicho. Es por eso que no pocos escritores de esta generación hayan decidido hurgar en sus vidas y hayan mirado hacia atrás con el objetivo de seguir caminando hacia adelante.

Desconozco si esta ha sido la motivación de Clara Obligado a la hora de escribir un libro tan delicioso como Todo lo que crece. Porque, como sucede en todos los géneros, en todos los libros, una cosa es escribir y otra hacerlo con el talento, la dulzura, la profundidad y la emoción de una escritora que atravesó el ecuador terráqueo mucho antes, y por obligación, de sobrepasar el otro ecuador vital al que me refería en líneas anteriores.

Todo lo que crece, presentado por su editorial Páginas de Espuma como un ensayo, podría considerarse también una novela de autoficción y como un libro de texto sobre creación literaria, porque hay libros enormes que, a pesar de sus pocas páginas, contienen toda la literatura en su interior. Si resulta ser una obra absolutamente recomendable para cualquier amante de la literatura, para quienes aspiren a ser buenos escritores debería ser de lectura imprescindible, reposada y repetida.

Dice la autora en las primeras páginas que escribir es imaginar hacia atrás, y poco después que también se escribe por el impulso de huir. Quizás por ello no sea baladí la división del libro en dos partes, Sur y Norte, en las que se unen ese mirar hacia atrás en la vida y ese impulso de huir para alejar sus demonios. Al igual que los búhos que tanto le gustan, emblemas de la sabia Palas Atenea, que nos enseñan a mirar hacia atrás antes de emprender el vuelo.

Al analizar con brevedad el texto, lo primero que destaca es el título. Todo lo que crece es, en mi opinión, el correlato de todo lo que el libro expresa. El amor hacia la naturaleza que la autora argentina descubrió en la Pampa que la vio crecer, la vida que avanza y que atraviesa dos continentes, la literatura que se convierte en el paisaje por el que transita y por el que florecer. El geranio o malvón en el que Clara Obligado toma conciencia del milagro de la vida, el que la hace sentir a sus cinco años una Eva que descubre el mundo, la planta que crecerá en su memoria y extenderá sus bracitos verdes, a la que le brotarán flores rojas, a lo largo de toda la obra. Escribir es agarrar en el aire, como dice más adelante, la literatura también se parece a esas plantas epífitas o aéreas a las que alude en el texto, que no necesitan un origen en tierra y solo se posan en algo que se puede perder: un árbol, una patria. Arraigar en el aire.

En segundo lugar, y como se ha mencionado líneas atrás, el texto se divide en Sur y Norte. Sur abarca desde sus primeros recuerdos de niñez hasta su exilio a España en 1976, huyendo de la dictadura. La naturaleza, las relaciones familiares, adquieren peso en el texto.

Quien escribe recicla los recuerdos, se apropia de los restos, los revive, los corrige.

Y el vértigo horizontal de la pampa, la potencia fundadora de la línea recta.

Norte transita por el exilio en Madrid. Vivir es reescribirnos, dice en algún momento la autora, y la brusquedad del cambio toma cuerpo desde el principio. Cuánto se tarda en amar las diferencias, escribe Clara Obligado. El exilio como identidad, la extranjería como patria. El desembarco en un país que anega el pasado, en el que lo que no se dice, ni se toca ni se menciona.

La autora pasa de convivir con la naturaleza en estado puro de su niñez a convivir con los jardines, naturaleza manipulada, otra suerte de correlato, esta vez del exilio. Los jardines, composiciones armónicas en las que se fantasea con ser naturaleza, pero a las que no permitiríamos que se asomase una serpiente. Aun así, plantar un árbol siempre lo considera un acto de esperanza, cultivar un árbol es dejarse cultivar por él.

Lean Todo lo que crece. Un libro necesario en un mundo como el que nos ha tocado vivir. Un libro que nos ofrece la oportunidad de ser mejores personas, un libro imprescindible para quienes aspiran a escribir desde la honestidad. Y en especial para quienes, como Clara Obligado, se permiten habitar en ese gran error que es la esperanza.

Todo lo que crece (Páginas de Espuma, 2021) | Clara Obligado (Ensayo | 112 páginas| 14,00 € )

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