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Una casa lejos de casa

No sé si será culpa de la edad, pero tengo que reconocer que pocas historias de las que leo últimamente me conmueven hasta la médula. Así que cuando me adentro en un texto en el que cada página me resuena, me emociona, y tengo que volver a atrás para releer y subrayar, quiero vivir dentro de ese libro para siempre.

Con “Una casa lejos de casa. La escritura extranjera” tuve esa sensación de hogar luminoso en el que tienes una habitación con tus recuerdos y una mesa puesta con comida casera. Un lugar del que no quieres irte y al que ansías volver de vez en cuando. Porque el libro de Clara Obligado es para revisitarlo cada cierto tiempo.

¿Ensayo, autobiografía, novela corta, autoficción, “ficsayo”? Empecemos por definir el género, aunque si algo caracteriza a la autora desde sus libros de relatos anteriores (El libro de los viajes equivocados, La muerte juega a los dados y La biblioteca de agua) es precisamente la mezcla de géneros, la hibridación, la diversidad. Digamos que la marca de la casa es una huida genial de los encasillamientos, un borrar continuo de las fronteras que le imponemos al lenguaje.

Dice Clara en esta entrevista de Zenda que “el libro es un híbrido entre biografía, novela de aprendizaje y ensayo. Recorre distintas formas de la prosa. Es, en realidad, un himno a las palabras”. En él, la autora se interpela, se cuestiona, dialoga consigo misma y da una clase magistral como todas las suyas. Porque los que hemos tenido la oportunidad de asistir a sus talleres a lo largo de estos años, sabemos que este libro está lleno de lecciones y de pasión por la literatura.   

Una casa lejos de casa” comienza como las grandes novelas del siglo XIX contando la infancia en Buenos Aires, el hogar familiar, la institutriz Missis, el colegio de monjas, los libros de Elena Fortún. Una amalgama de recuerdos donde el hilo común son las historias y la fascinación por las palabras. A partir de ese comienzo, la voz de la narradora va arrastrando al lector de forma vertiginosa, hasta llegar a la elipsis representada en el libro como un fundido en negro. Un silencio cargado de significado, antesala de la otra vida en Madrid a consecuencia del exilio político en 1976. Y después, cuarenta y cinco años, que como un juego impredecible del destino, desembocan en la segunda generación, en ese nieto madrileño que ya es parte de la historia.

Es una obra que se lee del tirón, sin respirar, con el corazón en la mano, como escuchaba la tribu en la cueva a la hechicera alrededor del fuego. En ella, Clara nos adentra en el territorio de la memoria como compromiso social para no volver a repetir el pasado. Nos sitúa también en ese punto intermedio en el que ella se siente por su experiencia de emigrante, de haber perdido la tierra, de ser siempre extranjera.

Y ahonda en algunas de sus preocupaciones: la importancia de la estructura narrativa y la creación de una obra mestiza, sin los corsés formales, que enriquezca la literatura.

Porque si algo sobrevuela toda su narrativa es el hecho de que una sola palabra puede significar tantas cosas a los dos lados del Atlántico que a veces tiene que traducirse a sí misma: “es como si estuviera sumergida en una versión subtitulada”. En definitiva, una escritura en los márgenes que ella cuenta que aprendió en las clases de J.L. Borges.

Una casa lejos de casa” es una delicatessen. Confieso que tengo tantas frases subrayadas que debería comprarme otro ejemplar y hacer un subrayado inverso. Pero si tuviera que rescatar solo una de algún naufragio me quedaría con “…comprendí, por fin, que el dolor multiplica la vida, que la literatura sortea el horror”.

La felicidad como una forma de venganza, la escritura como tabla de salvación. No me imagino una casa más confortable.

Una casa lejos de casa. La escritura extranjera | Ediciones Contrabando (2020) | Clara Obligado| Colección Interlocutor Cruel| 120 páginas| 16 € |

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